La NASA pide ideas a las empresas privadas para salvar el Hubble antes de 2033
El Hubble pierde altura poco a poco y podría reentrar en la atmósfera hacia 2033 o 2034. La NASA pregunta a la industria cómo subirlo de órbita, mejorarlo o hacerlo caer de forma controlada.

El telescopio espacial Hubble lleva más de 35 años en órbita y sigue siendo uno de los instrumentos científicos más productivos de la historia. Tiene un problema que no se arregla con software: está cayendo. No de golpe, sino muy despacio, frenado por las capas más altas de la atmósfera. Si nadie lo impide, podría acabar reentrando en la Tierra hacia 2033 o 2034. Para evitarlo, o al menos para decidir cómo termina su vida, la NASA ha pedido propuestas a las empresas espaciales privadas.
Este artículo es un resumen propio a partir de la información publicada por ScienceDaily y otros medios especializados, que enlazamos al final.
Qué ha pedido exactamente la NASA
A finales de octubre de 2026, la agencia publicó una solicitud de información (RFI, por sus siglas en inglés) dirigida a la industria. No es un contrato ni un concurso cerrado: es una forma de preguntar al sector qué opciones existen y cuánto de realistas son. Según la prensa especializada, la NASA plantea tres escenarios:

- Subir el Hubble de órbita, a una altitud de al menos 600 kilómetros, donde el rozamiento con la atmósfera es mucho menor y el telescopio ganaría años de vida.
- Mejorar sus capacidades mediante algún tipo de misión de mantenimiento.
- Hacerlo caer de forma controlada cuando llegue el final de su misión, en lugar de dejar que reentre a su aire.
Las condiciones son exigentes: cualquier misión debe hacerse sin dañar el telescopio y, preferiblemente, antes de 2032. Las empresas tienen hasta el 30 de noviembre de 2026 para responder. Los medios que han cubierto la noticia insisten en que la NASA no ha elegido a ninguna compañía ni ha comprometido fondos: de momento solo está explorando opciones.
Por qué el Hubble se está cayendo
A diferencia de muchos satélites, el Hubble no tiene motores propios. Durante décadas, su órbita se corregía gracias a los transbordadores espaciales, que lo visitaban para repararlo, cambiar instrumentos y, de paso, darle un empujón hacia arriba. La última de esas misiones de servicio fue en 2009. Con la retirada de los transbordadores en 2011, el telescopio se quedó sin forma de recuperar la altura perdida.

A la altitud a la que orbita, todavía quedan restos muy tenues de atmósfera. Son casi nada, pero a velocidades orbitales suponen un freno constante que, año tras año, va rebajando la órbita. Ese descenso, además, depende de la actividad del Sol: cuando el Sol está más activo, la atmósfera superior se calienta, se expande y el frenado aumenta.
En aquella última visita de 2009 los astronautas le instalaron un mecanismo de acoplamiento pensado precisamente para facilitar que, en el futuro, una nave pudiera engancharse a él. Ese detalle es una de las razones por las que la idea de un rescate no es pura ciencia ficción.
Un cambio de postura en poco tiempo
La idea de una misión privada para elevar el Hubble no es nueva. En 2024 la NASA estudió una propuesta de este tipo y decidió no seguir adelante, argumentando, entre otras cosas, los riesgos para el propio telescopio. Según la cronología recogida por la prensa especializada, la agencia pasó de ese no a un «quizá» condicionado a mediados de 2026, y ahora a una petición formal de ideas a la industria.

El contexto también ha cambiado. El sector espacial comercial ha madurado mucho en pocos años, con naves tripuladas privadas, cohetes reutilizables y empresas que desarrollan vehículos de servicio en órbita, capaces de acercarse a un satélite, engancharse a él y moverlo. Lo que hace una década era impensable fuera de una agencia pública ahora está, al menos sobre el papel, al alcance de varias compañías.
Las limitaciones y los riesgos
Nada de esto está garantizado. Acoplarse a un telescopio de unas once toneladas, diseñado hace décadas y con componentes envejecidos, es una operación delicada: un error podría dañar los espejos o los instrumentos, justo lo que se pretende proteger. Además, el Hubble ya funciona con limitaciones; desde 2024 opera con un solo giroscopio para ahorrar los que le quedan, lo que reduce su flexibilidad para apuntar al cielo.
También está la cuestión de la seguridad. Un objeto tan grande no se desintegra del todo al entrar en la atmósfera, y algunos fragmentos podrían llegar al suelo. Por eso, aunque el Hubble no se salve, la NASA necesita una forma fiable de controlar su caída para que acabe en una zona deshabitada del océano. Y, por último, está el dinero: la solicitud no implica ningún presupuesto aprobado.
Por qué importa
El Hubble no es una reliquia: sigue produciendo ciencia de primer nivel y complementa al telescopio James Webb, ya que observa en luz visible y ultravioleta, longitudes de onda que el Webb no cubre. Ganar unos años extra de observaciones tendría un valor científico enorme por una fracción de lo que cuesta un telescopio nuevo. Y, sea cual sea el desenlace, esta iniciativa será una prueba de fuego para la idea de que las empresas privadas puedan mantener, reparar y retirar de forma responsable las grandes infraestructuras que tenemos en órbita.
- NASA is racing against time to save the Hubble Space Telescope — ScienceDaily
- NASA Opens Commercial Bidding on Hubble Fate as Reentry Risk Exceeds Safety Standard — Tech Times
- NASA Seeks Proposals for Reboosting the Hubble Space Telescope — Slashdot (vía Ars Technica)
- NASA Seeks Industry Plans to Reboost Hubble — KeepTrack
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