EDICIÓN Nº 037 · Miércoles 21 oct 2026
Ciencia

Frenar a las células T protege el cerebro del alzhéimer en ratones sin tocar la tau

Un equipo de la Universidad de Washington en San Luis bloqueó la entrada de células inmunitarias al cerebro de ratones con tau y conservó un 40 % más de tejido en zonas de la memoria.

Redacción2026-10-21alzhéimer · proteína tau · sistema inmunitario · neurociencia · células T
Oligodendrocytes and tau protein neurofibrillary tangles
Foto: Guo, S.; Yu, X.; Zhang, H. · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons · realzada

Durante décadas, la estrategia contra el alzhéimer ha consistido en atacar las proteínas que se acumulan en el cerebro: primero las placas de beta-amiloide y, más recientemente, los ovillos de proteína tau. Un nuevo estudio en ratones propone un enfoque distinto: no se trata de limpiar la tau, sino de impedir que ciertas células del sistema inmunitario entren en el cerebro y agraven el daño que provoca. Según sus autores, el resultado ha sido un cerebro mejor conservado y una memoria que funciona mejor, aunque la tau siguiera ahí.

El trabajo lo firman Joshua T. Emmerson (primer autor e investigador posdoctoral), Jason Ulrich y David M. Holtzman (autores sénior), de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (EE. UU.). Se publicó el 28 de septiembre de 2026 en la revista Neuron (DOI: 10.1016/j.neuron.2026.08.030). Este artículo es un resumen propio a partir de la nota divulgativa difundida por ScienceDaily, no una traducción del paper.

Un sospechoso inesperado: las células T

Las células T son glóbulos blancos que normalmente patrullan el cuerpo en busca de infecciones. En condiciones normales, apenas aparecen dentro del cerebro. Sin embargo, el mismo laboratorio ya había descrito en 2023, en Nature, que en ratones con acumulaciones anómalas de tau las células T sí entran en el cerebro, se concentran justo en las zonas con más tau y contribuyen a la muerte de neuronas. Un trabajo posterior, en Nature Neuroscience, apuntó a que las señales que ponen en marcha a estas células nacen fuera del cerebro, en los ganglios linfáticos.

Neurofibrillary tangles in the Hippocampus of an old person with Alzheimer-related pathology, Gallyas silver stain
Foto: Patho · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Faltaba saber cómo encuentran el camino. En experimentos anteriores, el equipo había detectado niveles elevados de una molécula llamada CXCL10 en los ratones con tau. Funciona como una especie de rastro químico: las células T activadas llevan en su superficie un receptor, CXCR3, que reconoce esa señal y les permite seguirla hasta su origen. La idea era sencilla: si se bloquea el receptor, las células T deberían perder la pista.

Cómo se hizo el experimento

Los investigadores trabajaron con ratones modificados para desarrollar depósitos de tau parecidos a los que se observan en el alzhéimer humano. A un grupo le administraron un anticuerpo que bloquea CXCR3, una dosis cada cinco días durante tres meses y medio; otro grupo quedó sin tratar como referencia. Los resultados principales fueron estos:

Neurofibrillary tangles in the Hippocampus of an old person with Alzheimer-related pathology, HE 1
Foto: Patho · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
  • Los ratones tratados tenían aproximadamente la mitad de células T en el cerebro que los no tratados.
  • Conservaron alrededor de un 40 % más de tejido en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria.
  • Obtuvieron mejores resultados en una prueba de memoria.
  • Los niveles de tau no cambiaron entre ambos grupos.

Ese último punto es el más llamativo. El tratamiento no eliminó la proteína tóxica. Lo que hizo fue reducir la respuesta inmunitaria que, según el estudio, empeora el daño. Además, el anticuerpo no llegó a penetrar en el tejido cerebral: actuó desde fuera, en la circulación, cortando el acceso a las células T. Holtzman lo resumió así (traducción propia): «Con este enfoque terapéutico, si resulta seguro, no habría que diseñar el fármaco para que entre en el cerebro».

La observación tiene su peso práctico: la barrera hematoencefálica, que protege el cerebro, también frena a muchos medicamentos, y conseguir que un fármaco la atraviese es uno de los grandes quebraderos de cabeza de la neurología.

Limitaciones: aún muy lejos de la consulta

Conviene leer estos resultados con calma. Todo se ha probado únicamente en ratones, y los modelos animales de alzhéimer reproducen solo una parte de la enfermedad humana. Los propios autores subrayan que hará falta más investigación para saber si el enfoque es lo bastante seguro y eficaz como para ensayarlo en personas. Tampoco es un detalle menor que se trate de frenar parte del sistema inmunitario: las células T cumplen funciones de defensa importantes, y reducir su actividad podría tener efectos no deseados que aún no se han evaluado en este contexto.

Neurofibrillary tangles in the Hippocampus of an old person with Alzheimer-related pathology, HE 2
Foto: Patho · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Además, la nota divulgativa no detalla qué regiones cerebrales concretas se midieron ni qué prueba de memoria se usó, de modo que los matices quedan para quien consulte el artículo completo, que no es de acceso abierto. Los investigadores sugieren que medicamentos que ya se emplean para controlar las células T en otras enfermedades podrían servir como punto de partida, aunque por ahora es una hipótesis de trabajo.

El estudio contó con financiación de una beca posdoctoral de BrightFocus, de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (a través del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento), de la GHR Foundation y de donaciones privadas.

Por qué importa

Los fármacos contra el alzhéimer aprobados más recientemente, como lecanemab y donanemab, retiran amiloide del cerebro y pueden ralentizar el deterioro cognitivo, pero no se ha demostrado que eviten la muerte de las neuronas. Este trabajo abre una vía complementaria: en lugar de perseguir solo a las proteínas tóxicas, proteger el tejido actuando sobre la inflamación que las acompaña. Si el resultado se confirmara en humanos, permitiría pensar en tratamientos que funcionen desde fuera del cerebro y que podrían combinarse con los actuales. De momento es un avance en ratones, prometedor pero preliminar, que refuerza la idea de que el sistema inmunitario es una pieza central del alzhéimer y no un simple espectador.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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