El Rub' al Khali tuvo lagos, pero los primeros humanos no se instalaron allí
Hace más de 70.000 años el gran desierto de Arabia tenía lagos. Una expedición de 1.500 km no encontró ninguna herramienta y apunta a la causa: allí no había piedra que tallar.

El Rub' al Khali, el «Cuarto Vacío» del sur de la península arábiga, es el mayor mar de arena del planeta. Ocupa unos 650.000 km², más que toda la España peninsular. Cuesta imaginarlo verde, pero durante ciertas fases húmedas del Pleistoceno hubo lagos en su interior. Esos lagos se formaron cuando el monzón del océano Índico se reforzó y elevó el nivel del agua subterránea. En esos mismos milenios había grupos humanos viviendo en los bordes del desierto. La pregunta parecía sencilla: si había agua, ¿por qué nadie se adentró a vivir junto a esos lagos?
Un estudio publicado el 28 de octubre de 2026 en Nature propone una respuesta que suena casi obvia cuando se oye: el agua no basta. Para un cazador-recolector del Paleolítico, la piedra para fabricar herramientas era tan imprescindible como beber. Este artículo es un resumen propio del trabajo, no una traducción.
Una caminata de 1.500 kilómetros que volvió con las manos vacías
El equipo lo dirigió Rudolf W. Dellmour, y su autor de correspondencia es el arqueólogo Jeffrey I. Rose. Entre noviembre y diciembre de 2023 recorrió a pie unos 1.500 km por el centro del Rub' al Khali y examinó 125 puntos del recorrido. La visibilidad del suelo superaba el 95 %, así que sería raro que algo hubiera pasado inadvertido.

Lo que sí encontraron fueron huellas claras de agua antigua. Había depósitos lacustres en 55 de los 125 puntos: sedimentos carbonatados, cristales de yeso con forma de roseta y estructuras formadas por microbios. También aparecieron cáscaras de huevo de avestruz y conchas de caracoles y almejas de agua dulce, como Melanoides tuberculata y Corbicula fluminalis. Los investigadores no fecharon de nuevo estos lagos. Los relacionaron con secciones ya datadas en trabajos anteriores, que los sitúan entre hace unos 122.000 y 67.000 años.
Lo que no apareció fue ni una sola herramienta de piedra, de ninguna época. No hubo restos del Paleolítico inferior, ni del medio, ni del Holoceno, y eso que los lagos volvieron a formarse a comienzos del Holoceno. En el resumen del artículo, los autores lo resumen así:
«no se hallaron artefactos líticos ni materias primas tallables a lo largo del transecto» (Dellmour et al., Nature, 2026)
La clave estaba bajo la arena
El suelo explica por qué. En el centro de la cuenca solo hay carbonatos, evaporitas y sedimentos arenosos, rocas que no se pueden tallar. Las capas con sílex existen, pero están enterradas bajo rellenos más recientes. Los lagos se alimentaban de agua subterránea y no de ríos, de modo que ninguna corriente arrastró cantos útiles desde fuera.

- Solo 10 de los 125 puntos (el 8 %) tenían piedra aprovechable, y todos estaban en los extremos oeste y este del recorrido.
- En unos 800 km del interior no había ninguna piedra útil.
- Los afloramientos de piedra para herramientas más cercanos están a más de 200 km de las cuencas estudiadas.
En la misma época sí había gente en los márgenes del desierto. Hay yacimientos como Mundafan (hace unos 96.000-77.000 años), Umm al Sha'al o Jebel Faya, en los Emiratos, donde se registra ocupación entre hace unos 134.000 y 80.000 años. Allí había agua y también piedra.
Un modelo que mejora al añadir la piedra
Para comprobar que no se trataba de una casualidad local, el equipo construyó un modelo espacial. Este modelo cruza la geología cartografiada con la red de drenaje antigua reconstruida. Lo pusieron a prueba con 301 hallazgos de la Edad de Piedra Media en Omán y 363 yacimientos de toda la península, y repitieron el análisis 999 veces con simulaciones de Monte Carlo. La medida estadística que indica cómo distingue el modelo los lugares con yacimientos del resto (el AUC) mejoró de 0,695 a 0,768 al incluir la disponibilidad de piedra. Según los autores, el 57 % del territorio de la península con acceso a agua carece de piedra utilizable.

Lo que el estudio no puede asegurar
El trabajo tiene limitaciones que conviene tener en cuenta. Es un único recorrido por un desierto enorme, y los propios autores admiten que futuras campañas podrían encontrar pequeños puntos de uso puntual en el interior, por ejemplo lugares donde se recogía material. Aun así, sostienen que serían visitas esporádicas y no asentamientos estables. Además, la edad de los lagos se deduce por correlación con otros lugares, no se ha medido directamente. Y el modelo muestra una asociación entre piedra, agua y yacimientos, pero no demuestra por sí solo el mecanismo que llevó a la gente a evitar la zona.
El hallazgo también se trató en el Nature Podcast del 28 de octubre, que lo presentó como una expedición «fallida» que acabó enseñando algo importante.
Por qué importa
Muchos modelos sobre cómo se expandió nuestra especie fuera de África usan los periodos de «Arabia verde» como corredores. Dan por hecho que, donde había lluvia y lagos, había gente. Este estudio corrige esa idea: un paisaje habitable para un grupo paleolítico necesitaba agua y piedra a la vez. Tener en cuenta la geología puede ayudar a afinar los mapas de rutas migratorias y a decidir dónde merece la pena excavar. A veces una expedición que no encuentra nada es tan útil como la que encuentra un tesoro.
Fuente: Dellmour, R. W., Coco, E., Samawi, O., Al Kindi, M., Al Mahrooqi, A., Bebber, M. R., Eren, M. I., Harzhauser, M., Garba, R., Rose, J. I. et al. «Stone and water governed early human settlement of the desert». Nature, 2026. DOI: 10.1038/s41586-026-11180-5. Licencia CC BY 4.0.
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