La tirzepatida enciende la grasa marrón: el efecto oculto de Mounjaro
Un equipo de la Universidad de Barcelona ha visto en ratones obesos que el fármaco de Mounjaro y Zepbound no solo quita el hambre: también activa el tejido que quema calorías.

Los fármacos que han trastocado el tratamiento de la obesidad se explican casi siempre con la misma frase: quitan el hambre. Comes menos, adelgazas. Punto. Un trabajo publicado en Biomedicine & Pharmacotherapy por el grupo de Francesc Villarroya en la Universidad de Barcelona sugiere que la historia es más larga, al menos en ratones: la tirzepatida —el principio activo que se vende como Mounjaro y Zepbound— parece activar directamente la grasa marrón, el tejido que se dedica a quemar energía en vez de guardarla.
Conviene recordar de qué hablamos. Casi toda la grasa del cuerpo humano es blanca: un almacén. La grasa marrón es otra cosa. Sus células están llenas de mitocondrias y de una proteína, la UCP1, que en lugar de fabricar energía química la disipa en forma de calor. Es el radiador de los recién nacidos y de los mamíferos que hibernan, y durante décadas se pensó que en el adulto humano era un residuo evolutivo. Desde 2009 sabemos que no: queda tejido marrón activo, sobre todo en el cuello y alrededor de la columna, y se enciende con el frío. De ahí que llevemos quince años buscando una manera farmacológica de pulsar ese interruptor.
Cómo han separado el efecto del hambre
El problema metodológico es evidente: si un animal tratado come menos y pierde peso, cualquier cambio en sus tejidos puede ser consecuencia de comer menos, no del fármaco. El equipo barcelonés lo resolvió con un diseño clásico: ratones obesos por dieta rica en grasa, unos tratados con tirzepatida y otros no, pero igualando la ingesta calórica entre grupos. Si el animal sin fármaco come lo mismo que el tratado y su grasa marrón no reacciona igual, la diferencia no la explica el apetito.

Con esa comparación en la mano analizaron los distintos depósitos de grasa del animal —blanca y marrón— y encontraron que el fármaco no los trata a todos igual. La grasa marrón aparece como el objetivo más claro: se activa, y no solo como termostato.
Batoquinas: la grasa marrón como glándula
La parte más interesante del trabajo no es el calor, sino los mensajes. Los autores midieron la producción de batoquinas, las moléculas que el tejido adiposo marrón secreta a la sangre para hablar con el hígado, el músculo o el páncreas. Es un cambio de marco que el propio grupo de Villarroya ayudó a establecer: la grasa marrón no es solo una estufa, es un órgano endocrino, y varias de esas señales mejoran la sensibilidad a la insulina y el manejo de los lípidos.

Encaja además con la farmacología de la tirzepatida, que es un agonista doble: actúa sobre los receptores de GLP-1 y de GIP a la vez. El GIP es precisamente la pata que la distingue de la semaglutida, y el tejido adiposo tiene receptores de GIP. Que el efecto aparezca en la grasa no es, por tanto, una sorpresa absoluta, pero sí una pista sobre por qué este fármaco rinde más de lo esperado en las balanzas.
Lo que este estudio no demuestra
Aquí toca frenar. Son ratones. Y los autores son los primeros en subrayarlo: advierten de que entre especies hay diferencias notables "en la regulación del metabolismo, la distribución del tejido adiposo y la respuesta a los fármacos".
Hacen falta evidencias clínicas en humanos antes de dar por buena la extrapolación, insisten los investigadores.
Las razones para la cautela son concretas. Un ratón tiene, en proporción a su tamaño, muchísima más grasa marrón que un adulto humano, y la pierde por superficie corporal mucho más rápido, así que depende de ella para no congelarse. La temperatura del laboratorio, además, cambia por completo la actividad de ese tejido: un animal alojado a 22 °C ya está tirando de su radiador. Tampoco el trabajo cuantifica cuánta parte de la pérdida de peso vendría de este mecanismo; muestra que el interruptor se mueve, no que mueva la aguja de la báscula.
Lo honesto es leerlo como lo que es: una hipótesis mecanística sólida, con un control de ingesta bien puesto, que abre una pregunta verificable en personas.
Por qué importa
Si el hallazgo se confirma en humanos, cambia la conversación sobre estos fármacos. Un medicamento que solo suprime el apetito tiene un techo y un problema conocido: se pierde músculo junto con la grasa y el peso vuelve al dejarlo. Un medicamento que además aumenta el gasto energético y hace que la grasa marrón emita señales metabólicas favorables es otra clase de herramienta, y sugiere dianas para tratamientos que no dependan de pasar hambre. Mientras tanto, esto es un artículo en ratones: una razón para diseñar el ensayo clínico, no para sacar conclusiones sobre nadie.
- Zepbound and Mounjaro may turn on the body's calorie-burning brown fat — ScienceDaily
- Differential effects of the anti-obesity drug tirzepatide on adipose tissues: Brown fat as a key target — Mestres-Arenas A., Quesada-López T., Blasco-Roset A., Giralt M., Villarroya F., Planavila A., Peyrou M. (Biomedicine & Pharmacotherapy, 2026). DOI: 10.1016/j.biopha.2026.119057 — Biomedicine & Pharmacotherapy
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