El ejercicio también reorganiza los nervios del corazón, y no igual a cada lado
Un estudio en ratas de la Universidad de Bristol muestra que diez semanas de ejercicio aeróbico cambian los ganglios nerviosos que regulan el corazón, y que el lado izquierdo y el derecho responden de forma distinta.

Que el ejercicio fortalece el corazón es algo que ya sabemos. Lo que se había estudiado mucho menos es si el entrenamiento cambia también los nervios que le dicen al corazón cómo latir. Un equipo liderado por la Universidad de Bristol (Reino Unido) ha estudiado esa cuestión en ratas, y lo que ha encontrado es curioso: los cambios no son simétricos. El lado derecho y el izquierdo del cuerpo se adaptan de maneras casi opuestas.
Este artículo es un resumen propio, elaborado a partir de la nota publicada por ScienceDaily y de los datos del trabajo original. No es una traducción.
Qué han estudiado y cómo
El protagonista del estudio son los ganglios estrellados, dos pequeños grupos de neuronas situados a cada lado, entre la parte baja del cuello y la parte alta del tórax. Forman parte del sistema nervioso simpático, el que acelera el cuerpo cuando hace falta, y entre otras cosas influyen en la frecuencia cardiaca. Hay uno a la izquierda y otro a la derecha, y la medicina lleva tiempo sospechando que no hacen exactamente lo mismo.

Los investigadores sometieron a un grupo de ratas a diez semanas de entrenamiento aeróbico moderado y después compararon sus ganglios con los de animales que no habían entrenado. Para hacerlo usaron estereología 3D, una técnica que permite estimar en tres dimensiones cuántas neuronas hay en un tejido, cómo de grandes son y cómo se distribuyen, sin limitarse a contar lo que aparece en un corte plano.
El trabajo se publicó en la revista Autonomic Neuroscience (2025, volumen 262, artículo 103338) con el título «Asymmetric neuroplasticity in stellate ganglia: Unveiling side-specific adaptations to aerobic exercise». Lo firman Fernando Vagner Lobo Ladd, Aliny Antunes Barbosa, Renato Albuquerque de Oliveira Cavalcanti, Larissa Freitas, Reinaldo Barreto Oriá, Ricardo Mario Arida, Mariana Pereira de Melo, Andrzej Loesch y A. Augusto Coppi, con participación de la Universidad de Bristol, el University College London, la Universidad de São Paulo y la Universidad Federal de São Paulo. DOI: 10.1016/j.autneu.2025.103338.
Lo que encontraron: dos lados, dos estrategias
Los resultados apuntan a que el ejercicio no remodela los dos ganglios por igual:
- En las ratas entrenadas, el ganglio estrellado derecho tenía aproximadamente cuatro veces más neuronas que el izquierdo, un patrón que, según los autores, no aparecía igual en los animales sin entrenar.
- Las neuronas del lado izquierdo casi duplicaron su tamaño.
- Las del lado derecho, en cambio, se hicieron algo más pequeñas.
Dicho de forma sencilla: un lado parece apostar por tener más neuronas y el otro por tener neuronas más grandes. Los autores lo describen como una plasticidad nerviosa asimétrica, es decir, el sistema nervioso se adapta al entrenamiento, pero cada mitad lo hace a su manera.
Esto encaja con una idea que ya circulaba en cardiología: la inervación simpática del corazón no es simétrica y cada lado podría tener un peso distinto en el control del ritmo. Lo nuevo es que el ejercicio parece acentuar o reorganizar esa diferencia a nivel estructural.
Limitaciones: ratas, estructura y muchas preguntas abiertas
Conviene no correr más que los propios investigadores. El investigador principal, el doctor A. Augusto Coppi, lo resume así: «The findings are early-stage and in rats, so clinical studies would need to follow» (los resultados son preliminares y en ratas, así que harán falta estudios clínicos).
- Solo en ratas. No se ha comprobado que el mismo patrón aparezca en otros animales ni en personas.
- Estructura, no función. El estudio mide cuántas neuronas hay y qué tamaño tienen, pero todavía no relaciona esos cambios con cómo late el corazón. El equipo quiere comprobar si las diferencias afectan al comportamiento del corazón en reposo y durante la actividad.
- Detalles por confirmar. La nota divulgativa no da el tamaño de la muestra, el sexo de los animales ni los datos estadísticos, así que para valorar la solidez del resultado hay que ir al artículo completo.
Para estudiar esto en humanos, los autores esperan desarrollar marcadores no invasivos, ya que no se pueden contar las neuronas de un ganglio de una persona viva como se hace en un laboratorio con animales.
Por qué importa
Los ganglios estrellados no son solo una curiosidad anatómica: algunos tratamientos actúan directamente sobre ellos, como los bloqueos nerviosos o la denervación, que se usan en casos de arritmias difíciles de controlar. Los autores sugieren que, si cada lado se adapta de forma diferente, esto podría ayudar a entender por qué algunas intervenciones funcionan mejor en un lado que en otro y a decidir cuál conviene tratar en problemas como las arritmias, la angina o el llamado síndrome del corazón roto, asociado al estrés. Todo eso son, de momento, hipótesis. Pero el estudio añade una idea sugerente a lo que ya sabíamos: entrenar no solo hace el corazón más fuerte, también parece reorganizar el sistema nervioso que lo controla.
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